La Quema de Medina
Nos centraremos en lo ocurrido en Medina del Campo durante la Guerra de las Comunidades, concretamente en el episodio de la Quema de Medina y las consecuencias que ello tuvo para la ciudad y sus habitantes.
Para situarnos hacemos una pequeña introducción, muy resumida, desde que Carlos llegó a España hasta el momento en que se produjo la Quema de Medina.
19-09-1517 – Carlos llegó a España con 17 años. Desconocía la lengua y las costumbres del país que iba a gobernar y estaba acompañado de un gran séquito de flamencos a los que situó en cargos importantes.

12-01-1519 – Muere el emperador Maximiliano I, abuelo de Carlos, y a partir de ese momento, Carlos se postula para ser elegido emperador.

28-06-1519 – Carlos I de España es elegido Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, convirtiéndose en el Emperador Carlos V.

22-04-1520 – Se celebran las Cortes en La Coruña donde Carlos obtiene el dinero (servicio) para poder proclamarse Emperador en Alemania.

20-05-1520 – Carlos I se embarca rumbo a Alemania dejando como regente de las posesiones hispánicas a Adriano de Utrecht.

30-05-1520 – Juan Bravo levanta a la ciudad de Segovia en armas.

10-06-1520 – Adriano ordena a Rodrigo Ronquillo (alcalde de Zamora) reunir un ejército con el fin de tomar la ciudad de Segovia.

Como jefe de la milicia segoviana, Juan Bravo envió emisarios pidiendo ayuda a las demás ciudades y acudieron a su llamada Juan de Zapata, al frente de las milicias de Madrid y Juan de Padilla con las tropas de Toledo derrotando a Ronquillo en Zamarramala (a las afueras de Segovia).
Ronquillo se refugió en Arévalo donde poco después se le unió Antonio de Fonseca (Capitán General de Castilla) acompañado de su mesnada de vasallos.
El ejército realista ganó fuerza, pero carecía de una artillería con la que poder tomar Segovia. Consciente de esto, Adriano de Utrecht ordenó a Antonio de Fonseca que se hiciera con la artillería que se guardaba en Medina del Campo.

Y con esta situación llegamos al día en que tuvo lugar la Quema de Medina:
21 de agosto de 1520
Antonio de Fonseca (Capitán General de las tropas reales) y Rodrigo Ronquillo (Alcalde de Zamora) llegan a Medina del Campo al amanecer del 21 de agosto de 1520 con la intención de llevarse sus piezas de artillería.
En la villa había división de opiniones: los regidores y la mayor parte de los nobles querían entregarles la artillería; mientras que el pueblo llano se negaba a ello.
Fonseca se mostró muy amenazante desde el primer momento, diciendo que “metería a fuego y a sangre a la villa” si no le entregaban la artillería.
Hubo negociaciones previas que habrían durado unas cuatro horas entre Fonseca y los mediadores medinenses Luís de Quintanilla y Gutierre Quijada (Corregidor de la Villa).

Gutierre Quijada estaba a favor de entregar la artillería, no así Luís de Quintanilla que pasó a ser uno de los pilares del movimiento comunero en Medina del Campo.
Veamos quien fue Luís de Quintanilla.
Luís de Quintanilla

Fue Comendador de la Orden de Santiago, ayuda de cámara del infante Don Juan, hermano de Juana la Loca, corregidor de Úbeda y Baeza de 1513 a 1516. Hijo del contador Alonso de Quintanilla, perteneció al patriciado urbano de la villa de Medina del Campo.
Es por su lealtad a la reina Juana, hija de los Reyes Católicos a los que debe el encumbramiento de su padre, y sus pretensiones nobiliarias, lo que le lleva a ponerse del lado de los comuneros.
Una vez que estalló el conflicto y constituida la Junta de Tordesillas, Luís de Quintanilla sustituyó al Marqués de Denia en el cuidado y custodia de la Reina Juana.
El 10 de abril de 1521, su primogénito, Alonso de Quintanilla es apresado por los realistas.
Concluido el conflicto, Luís de Quintanilla y su hijo Alonso, fueron exceptuados del Perdón General de 1522, a pesar de interceder en su favor la villa de Medina del Campo. Por fin una cédula real fechada el 12 de julio de 1524 le otorgó el perdón y la devolución de todos los bienes que le habían sido embargados.
Volvemos a nuestro relato de
La Quema de Medina.
Habíamos dejado a Fonseca negociando con Gutierre Quijada, que era partidario de entregarle la artillería y con Luis de Quintanilla, que se oponía a ello.

Estas reuniones previas habrían durado un total de cuatro horas.
El pueblo se oponía a entregar la artillería y mientras se discutía tan conflictivo asunto, los vecinos se aprestaron a defenderse. Cogieron las piezas de artillería del parque artillero y las situaron en la Plaza Mayor, les quitaron las cureñas y las ruedas para que no pudieran ser transportadas en caso de resultar capturadas.

Finalmente cerraron todas las puertas de la villa, se atrincheraron y se prepararon para defenderlas.
Tras el fracaso de las negociaciones, Fonseca decidió entrar por la fuerza en Medina avanzando sus tropas por el Zapardiel abajo, entrando en la villa unos por las Cuatro Calles y otros por la calle de San Francisco.

Comienzan las primeras escaramuzas entre las tropas reales y los medinenses, al mismo tiempo que se inicia un pavoroso incendio.
La gente de Fonseca puso fuego a ciertas casas cerca de la plaza. Pensando éste en engañar a los medinenses con el fuego, mandó arrojar y prender en llamas unas alcancías de alquitrán por la calle de San Francisco, sin pensar en las dañosas consecuencias que aquello podría acarrear.
El fuego era una maniobra para que los vecinos abandonasen sus puestos para apagar las llamas, dejando de defender la artillería, para así permitir que sus tropas tomaran los cañones, pero esto no ocurrió y causó en los vecinos el efecto contrario: lejos de amedrentarse, las gentes de Medina lucharon con más ánimos.
El alcaide del Castillo de la Mota , Gabriel de Tapia , favoreció a Fonseca cuando tuvo lugar el incendio, pues impidió que se le atacase desde la fortaleza.
Hacemos otro alto en el relato y vemos el papel que desempeñó Gabriel de Tapia, alcaide del Castillo de la Mota.

Gabriel de Tapia, alcaide del Castillo de la Mota.
Durante la Guerra de las Comunidades la fortaleza del Castillo de la Mota permaneció fiel a la corona, pese a que Medina era comunera y controlaba el parque de artillería.
“Un regidor llegó a decir que se utilizase la artillería para derrocar la Mota”.
Gabriel de Tapia, alcaide del Castillo de la Mota, nunca acató la autoridad de los comuneros, pero gracias a su habilidad diplomática y que tenía guarnecida la fortaleza, no llegaron a atacarla.
Una vez acabada la contienda, siete de los procuradores de la Santa Junta fueron encerrados en la fortaleza de la Mota. El trato que recibieron por parte del alcaide debió ser bastante duro, pues los gobernantes se vieron obligados a intervenir, le ordenaron que les quitase los grilletes y que les tratase mejor.
Continuamos el relato.

Habíamos dejado a Medina en llamas y a sus gentes, que lejos de amedrentarse por el incendio, lucharon con más ánimos.
Fonseca dio orden de retirada a las tropas y regresaron a Arévalo sin las piezas de artillería, mientras, los vecinos, trataban de apagar el incendio.
Para cuando se consiguió apagar el incendio, ya se habían calcinado 350, 700 ó 900 casas (según la fuente) incluido el edificio en el que estaban almacenadas las mercancías que los comerciantes guardaban para las ferias, el Convento de San Francisco.
Permitirme que haga un inciso sobre este convento.
El Convento de San Francisco.

El establecimiento de esta orden en las inmediaciones de un espacio de mercado importante es un hecho comprobado, prueba de ello es que se le cita varias veces como San Francisco de los Paños, porque en sus dependencias se guardaban grandes piezas y mercaderías para los días de feria.
En 1520 el Convento de San Francisco custodiaba los fondos medievales del Archivo Municipal de la Villa, los cuales se perdieron a causa de la Quema.
Las crónicas dicen que cuando la quema, las mayores pérdidas fueron las de este convento, ya que mercaderes genoveses, burgaleses y segovianos habían metido en sus espaciosas lonjas grandes existencias de paños, brocados y terciopelos y nada se salvó, excepto el Santísimo Sacramento con su Custodia, que tuvieron que ponerlo al resguardo en el hueco de una olma de su amplia huerta.
Retomamos la historia de la quema.

La refriega fue cruel. Los medinenses combatieron valientemente, tanto hombres como mujeres, y hubo muertos en ambos bandos.
Lo cierto es que las llamas arrasaron la mejor parte de Medina, destruyendo todo su emporio comercial. Prácticamente todas las casas afectadas por el enorme incendio estaban habitadas por mercaderes, ya fuese como propietarios o censatarios.
Algunos mercaderes burgaleses y vallisoletanos poseían también viviendas en Medina, que habían comprado ó arrendado para reservarse un lugar seguro durante las Ferias.
Digamos también que algunos caballeros perdieron también sus casas en el incendio, y que la pequeña nobleza y la oligarquía medinense apenas sufrieron daños, las únicas pérdidas que tuvieron las causaría la posterior rebelión del pueblo llano, que se alborotó y saqueó sus casas.

Las reacciones al incendio de Medina no se harían esperar.
El trágico suceso provocó una enorme indignación en toda Castilla, consiguiendo una multitud de adhesiones a la causa comunera.
En Valladolid, al poco de conocerse tal desgracia, las gentes se alzaron en armas e incendiaron las casas de los presuntos culpables, entre las que se encontraba la de Antonio de Fonseca.
Medina se adhiere al movimiento comunero
En Medina del Campo, los alborotos comenzaron inmediatamente. El pueblo llano se lanzó contra los que consideraban traidores a Medina.
Algunos historiadores afirman que destruyeron varias casas e hicieron otros desatinos y crueldades.

Del tundidor Bobadilla, supuesto caudillo de las masas, nos refiere Sandoval (historiador) este testimonio:
“Bobadilla mató a cuchilladas a Gil Nieto, de quien había sido criado. Le cortó la cabeza y echó su cuerpo por la ventana. Los parientes de Nieto recogieron el cuerpo y lo enterraron”.
“De este atrevimiento quedó el tundidor Bobadilla tan acreditado en el pueblo, u él con ánimo tan de señor, que de ahí en adelante no se hacía mas que lo que él quería y ordenaba y gobernaba como cabeza de pueblo. Y luego tomó casa y puso porteros, y ase dejaba llamar señoría”.
En vista de tales tumultos, parece ser que algunos nobles huyeron ocultamente; sin embargo, otros aprobaron la causa popular y se ofrecieron a ser sus jefes.
Varias casas quedaron saqueadas y algunos cotinos (hombres de armas) fueron presionados para que se quedaran en Medina.
Medina del Campo decidió comunicar oficialmente a la Junta Comunera el incendio causado por las tropas de Fonseca, solicitando ayuda y socorro.

Reunida en Ávila la Santa Junta, mostró verdaderos deseos de ayudar a los medinenses y ordenó a Padilla que se dirigiese con sus hombres a la villa para observar directamente la situación, y una vez allí, deliberase con ella lo que más conviniese para poder tomar medidas al respecto.
Pidió a Valladolid y a otras ciudades que reclutasen gente para castigar a los culpables del incendio, y ordenó al infante Don Juan de Granada (situado al frente de los comuneros vallisoletanos) que embargase los bienes de los integrantes del Consejo Real para compensar a Medina, instando a Valladolid a que enviase sus procuradores a la ciudad de Ávila, para que se integrasen en la Junta y decidir cómo se debían reparar los daños que los tiranos habían causado a Medina.

24-08-1520 – El ejército comunero de la Junta, situado en Martín Muñoz de las Posadas, llegaron a Medina del Campo, después de haberse desviado un poco de su camino para evitar pasar por Arévalo, donde creían que estaba refugiado Fonseca, para evitar saqueos. No se declaraban partidarios de la venganza, sino del castigo de los verdaderos culpables.
El ejército comunero llegado a Medina estaba integrado por las milicias de Toledo, con Juan de Padilla al frente, las de Madrid, con su capitán Juan de Zapata y las de Segovia capitaneadas por Juan Bravo.
La llegada de los caudillos comuneros a la villa sirvió para aplacar los ánimos y poner un poco de orden.
Las clases populares medinenses habían llevado a cabo la venganza con cierta crueldad, contra aquellos que fueron considerados responsables del incendio. Tuvieron lugar tumultos, agresiones y toda una serie de hechos que debieron ser muy confusos.
En medio de estos disturbios, las riendas del poder local recayó en una especie de Junta Local Democrática que al parecer se formó, en la que participaban los distintos estamentos de la villa: los caballeros, los regidores, el clero y el pueblo llano.
A pesar de todas las dificultades, Medina intentaría reanudar su vida normal.

Las Ferias suponían “la mejor cosa del mundo” para la villa y, por tanto, de ellas dependía su futuro.
De ahí que una de las primeras medidas de la Santa Junta en apoyo de Medina, fuese la orden de pregonar el seguro real de la Feria de octubre por las ciudades del Reino.
03-09-1520 – Desde La Seca, los capitanes Padilla, Bravo, Zapata y Luís de Quintanilla, escribieron a los comuneros vallisoletanos para aprobar el traslado de los procuradores de la Junta a Tordesillas y desmintiendo los rumores de que pretendían sacar a la Reina de Tordesillas sin el consentimiento de la Junta.

Acataban a ésta considerándola el órgano superior del reino, en busca solamente del bien general.
Los de Valladolid enviaron rápidamente al capitán Diego de Quiñones con su gente en auxilio de Medina.
Los refuerzos siguieron llegando a Medina.
08-09-1520- Francisco Maldonado (procurador comunero de Salamanca) se encontraba con sus tropas en Medina de camino a Tordesillas.
09-09-1520 – Medina insistió a Valladolid para que no tuviese temor en mandar a sus mercaderes a la Feria de octubre, pues en ella encontrarían paz y sosiego.
Aunque la villa se hallaba destruida y quemada, ello no debía ser impedimento alguno para que tal acontecimiento comercial dejara de tener lugar.
Medina se convirtió pronto en uno de los centros de reagrupamiento de las fuerzas comuneras.
Junta de Medina
Del 13 al 19 de septiembre de 1520 – La Santa Junta estuvo instalada en Medina del Campo de manera provisional, hasta su posterior traslado a Tordesillas.
Con anterioridad, el máximo organismo de la rebelión comunera había anunciado sus intenciones de establecerse en Tordesillas, con el ánimo de arrebatar a los Marqueses de Denia la custodia de la Reina Juana.
Los procuradores comuneros de Valladolid escribieron a su ciudad afirmando que había razones poderosas para expulsar a los Marqueses de Tordesillas, entre otras, la de haber proporcionado a Fonseca soldados que habían participado en la quema de Medina.
Las reuniones de la Santa Junta de Medina del Campo tuvieron lugar en la Iglesia San Martín, los secretarios eran Juan de Mirueña y Antonio Rodríguez.

En una de aquellas asambleas se hizo “tabula rasa” de todos los alborotos y asesinatos cometidos tras el incendio.
A partir de ahora, nadie debía tomarse la justicia por su mano.
16-09-1520 – En la Plaza Mayor y en la calles y plazas de Medina, se pregonaba el bando en el cual se prohibía terminantemente que se acusara a nadie de traidor, si alguien tenía conocimiento de acciones en contra de la villa, debía denunciar a los responsables a la justicia para que ésta actuara. Esta debía ser la única forma de acabar con los desórdenes y alborotos.
Juicio a los responsables del incendio
Medina del Campo aprovechó la estancia de los procuradores de la Santa Junta para que procesara a los culpables del incendio.
18-09-1520 – La villa da poderes a Juan Vaca y Pedro de Cambray (procuradores de la cuadrilla de Sahagún) para acusar criminalmente a Antonio de Fonseca (señor de Coca y Alaejos), Gutierre Quijada (señor de Villagarcía y excorregidor de Medina), Ronquillo (Alcaide de Zamora) y el resto de supuestos culpables.
La acusación partía de toda la villa de Medina: el Concejo, la justicia, los regidores, los caballeros, la Comunidad y los damnificados ó dañados por el incendio.
No tardaron los hombres de la Santa Junta en dictar una orden de apresamiento contra Fonseca, Quijada, Ronquillo y el licenciado de Ávila, que debían ser encerrados en la prisión de Tordesillas, así como desposeídos de sus bienes.
Poco después, redactaron una provisión real para actuar en consecuencia y embargar las villas de Alaejos y Coca, por ser Fonseca su señor, y Villagarcía, por ser su señor Gutierre Quijada.
La sentencia se ejecutó inmediatamente.
En Coca

En Coca se presentó Antonio de Portillo, comunero y vecino de Segovia, para solicitar del alcaide Andrés de Oliver la cesión de la fortaleza local a la Santa Junta.
Oliver contestó que no estaba obligado a ello “por no ser orden ni de la reina ni del rey”, y que Medina debía pedir justicia al Rey y al Consejo Real, no a la Junta.
En Villagarcía

A Villagarcía llegó Alonso de Vega, otro emisario de la Junta con iguales intenciones de hacer cumplir la provisión real.
El propio Gutierre Quijada, señor de la villa, respondió a su requerimiento diciendo: “que nunca dijo ni aconsejó cosa que no debiese, sirvió con lealtad a los reyes y no pensaba abandonar sus casas ni sus tierras”.
No desmentía ser uno de los causantes del incendio de Medina, aunque justificaba su actuación por hallarse al servicio del Rey.
Finalmente Villagarcía cayó en poder de las tropas comuneras el 12 de octubre.
El asedio de Alaejos

01-10-1520 – El comunero Alonso de Alderete (vecino de Tordesillas) se presentó en Alaejos con la intención de arrestar a Fonseca. Éste no estaba allí y Alderete fue llevado ante el alcaide del castillo de Alaejos, Gonzalo Vela.
El comunero le puso al corriente de la sentencia de la Santa Junta: Fonseca debía pagar 950 cuentos de maravedíes (el valor de los daños causados en el incendio) para evitar la venganza de los medinenses y hacer “pleito homenaje” a la Junta.
Gonzalo Vela (el alcaide) no hizo caso de dicha sentencia y advirtió al emisario comunero que tuviese cuidado y abandonase Alaejos lo antes posible. Alderete salió de la villa, no sin dejar antes a su Concejo una copia de la provisión real.
Durante su regreso a Tordesillas, le salieron al paso en Sieteiglesias dos vecinos de Alaejos (Gómez de Perlines y Juan de Lobado), éstos le manifestaron que el Concejo de Alaejos tenía deseos de hacer cumplir la orden de la Santa Junta, pero temían al alcaide Gonzalo Vela, que estaba muy “encastillado” y era muy poderoso.
Se ofrecieron voluntarios para aprovisionar a la gente armada de Medina y de la Junta que fuese a tomar el castillo de Alaejos y, en su opinión, se debía evitar que la villa sufriera daños por parte del alcaide.
Así pues, la Santa Junta dispuso que todas sus tropas se dirigiesen hacia Alaejos para tomar la villa y la fortaleza y los comuneros de Medina empezaron a preparar el ataque contra la fortaleza de Alaejos.
Eran necesarias las municiones para abastecer a los artilleros, así que el medinense Cristóbal de Zapardiel marchó a Mondragón para comprar unas 4000 pelotas de artillería, valoradas en 850.000 maravedíes. Al no disponer la villa de tan elevada suma, pidió a la Santa Junta que buscara la forma de poder pagarla o, que si no, se anulase el pedido. La Junta decidió entonces comprar la mitad de las municiones y rogó a los proveedores que esperasen un cierto tiempo hasta que Medina les fuese pagando poco a poco.
Con la artillería puesta a punto, los comuneros medinenses partieron hacia Alaejos.
Las aldeas de la Tierra de Medina, encargados de transportar la artillería, les aportaron más de 1000 peones y unas 1000 mulas y carretas, encargándose también de toda la intendencia.
Al mando de los capitanes Luís de Quintanilla y Francisco de Mercado, los bravos comuneros medinenses atacaron y sitiaron la fortaleza de Alaejos.

Contaron allí con el apoyo de Juan Bravo al frente de sus tropas segovianas, y el capitán Suero de Ávila. Los de Valladolid se mostraron reacios a enviar los refuerzos prometidos.
Provisto de todo lo necesario, el alcaide Gonzalo Vela inició la contraofensiva y supo mantener a raya al ejército comunero.
El cerco al castillo de Alaejos empezó a durar más días de lo previsto, sin que los medinenses se decidieran a lanzar un ataque frontal y directo. Por otra parte, la Santa Junta, no permitió nunca que sus soldados maltratasen a los vecinos de Alaejos, incluso envió al comunero Pedro de Soto para que castigase algunos abusos cometidos en aquella villa.
Los defensores del castillo resistieron duramente, haciéndose fuertes en sus posiciones. Es muy probable que tuviesen lugar varias escaramuzas, en una de las cuales fue apresado el tundidor Bobadilla, quien mas tarde acabaría colgado en la horca.
Los asediadores empezaron a desanimarse y, por si fuera poco, la Santa Junta carecía de dinero para pagar a todos los hombres de guerra presentes en aquel cerco. Los de Toledo se marcharon por falta de pago, los de Salamanca se trasladaron a otros lugares y Juan Bravo acabó por salir de Alaejos.
Las tropas de Medina se quedaron prácticamente solas, aunque ellas mismas se quejaban y reclamaban el pago de todos los días que se les adeudaban. Tanto Luís de Quintanilla como Francisco de Mercado escribieron sendas cartas a la Junta para que pagase a su soldados, mas no lo consiguieron.
Los comuneros medinenses acabarían por retirarse. El asedio al castillo de Alaejos había fracasado por completo y de manera inexplicable.
Enero 1521 en Medina del Campo
Los comienzos de 1521 no pudieron ser más conflictivos. Tuvieron lugar tumultos tan considerables como los ocurridos a raíz del incendio, que nos permite hablar de una radicalización del movimiento comunero.
Parece ser que en Medina un sector del pueblo llano intentó presionar violentamente al sector comunero mas moderado recrudeciéndose los alborotos el 4 de enero debido a unas listas que circulaban acusando a numerosos medinenses de ser unos traidores, así como una carta, al parecer anónima, en la cual se decía que el Marqués de Denia, el almirante y el Conde de Benavente habían escrito a Francisco de Mercado y Luís de Quintanilla pidiéndoles protección para unos genoveses que llevaban 12.000 ducados a Tordesillas para pagar a la gente de armas del bando real.
Esta carta escrita por un desconocido medinense, mostraba el engaño que se estaba cometiendo contra los comuneros de Medina. Fue escrita el día 2 de enero en Tordesillas e iba dirigida al comunero local Pedro Bermejo.
Como consecuencia de las listas y la carta, fue detenido Francisco de Mercado y eran encarcelados otros acusados de traición. Pasada la medianoche, el Abad de Medina hizo acto de presencia en el lugar y consiguió apaciguar los ánimos. Finalmente la situación fue controlada y la facción moderada de los comuneros volvió a mandar en Medina del Campo.
Mientras tanto, en el bando realista la situación se veía con más optimismo tras la victoria de Tordesillas.
Desde finales de enero se encontraban en Medina tropas comuneras de refuerzo venidas de Ávila, Segovia y Salamanca, pero no se atrevían a pasar por Puente Duero para trasladarse a Valladolid por temor a un ataque dirigido desde Simancas. Fue entonces cuando Padilla condujo a sus fuerzas hacia Medina del Campo, pudiendo llegar los refuerzos a Valladolid a comienzos de febrero.
Febrero y Marzo de 1521 en Medina del Campo
No se tiene mucha información sobre lo que sucedió en Medina del Campo durante los meses de febrero y marzo de 1521.
El día 23 de febrero la Santa Junta autorizó al comunero Alvar Páez Mendoza (capitán de artillería y vecino de Salamanca) a trasladarse a Medina.
Dos días después tuvo lugar la victoria de Torrelobatón, que despertó el entusiasmo entre los comuneros.
Ya en marzo, la Santa Junta ordenó al capitán Francisco de Mercado que reuniese 50 lanzas ginetas y 50 escopeteros para dar protección a Medina, seriamente amenazada por las fuerzas realistas de Tordesillas.
Abril en Medina del Campo. Hacia la batalla de Villalar
La gran inseguridad que sentía Medina, rodeada de ciudades y villas enemigas, impidió que la Santa Junta pudiese emplear su valiosa artillería, y es que si la villa enviaba su artillería a la Junta Comunera quedaría completamente desprotegida, además, los artilleros se negaban a salir de Medina hasta que no se les pagase lo que se les adeudaba por el tiempo que emplearon en el cerco de Alaejos.
El día 7 de abril, Francisco de Mercado escribió a la Junta para justificar la negativa de Medina, diciendo que estaba espantada porque “no ha pasado nuestra victoria de Torrelobatón”.
El Abad de Medina escribió una carta a la Junta, acusándola de no haber ayudado lo suficiente a Medina tras la catástrofe del incendio. La villa seguía esperando una compensación por sus pérdidas a través de las rentas reales, pero la Junta las había empleado para pagar a la artillería, además de otras cosas, y para colmo, habían perdido la Feria de Cuaresma.
10-04-1521 – Se presentaron ante Medina unas tropas enemigas formadas por 500 lanzas, 600 peones y 3 tiros de artillería, dispuestos a tomar Medina. En las inmediaciones de la ermita de San Cristóbal, próxima a Medina, un contingente comunero les obligó a replegarse, pero a costa de graves pérdidas. Alonso de Quintanilla cayó prisionero de los realistas.
Castigo a los Comuneros tras la derrota en Villalar
El 23 de abril de 1521 ocurrió la derrota de los comuneros en Villalar y llegaron las sentencias condenatorias de los principales caudillos de la rebelión, entre los que se hallaba el medinense Francisco de Mercado.
Una tras otra todas las ciudades, villas y aldeas comprometidas con la rebelión se fueron rindiendo, tan sólo Toledo continuó resistiendo, siendo el último reducto comunero de Castilla hasta su rendición en febrero de 1522.
La represión contra los más destacados hombres de la insurrección comunera no se hizo esperar. Mientras que los gobernadores eran partidarios de aplicar castigos suaves, el Consejo Real defendía la necesidad de aplicar las penas más rigurosas, posición ésta última que sería fomentada por el Rey y su Corte.
Desde abril de 1521 hasta el retorno de Carlos I a España en julio de 1522, la represión sólo había causado 7 víctimas, pero a partir de aquellos momentos las condenas a muerte se sucederían una tras otra.
El tribunal instalado en Palencia condenó en agosto a varios comuneros medinenses y el capitán Francisco de Mercado recibiría su condena el 23 de agosto.
Siete de los procuradores de la Santa Junta fueron encerrados en la fortaleza de la Mota y el 14 de agosto de 1521, fueron degollados públicamente en la Plaza Mayor de Medina.
Consecuencias de la derrota de Villalar en Medina
Cuando la noticia de la derrota final de Villalar llegó a Medina, sus despiertos regidores, los propios procuradores de las cuadrillas y tan encendidos comuneros, madrugaron para cambiar de postura y adelantarse a parar el golpe amenazador antes que cayera sobre la infortunada villa.
A los doce días de la batalla de Villalar, los Virreyes impusieron fuertes sanciones económicas a los pueblos grandes y pequeños que habían militado con los comuneros y les habían facilitado hombre y dineros.
A la importante y dinámica población que era Medina del Campo le hubiera debido corresponder una sanción muy elevada, pero los vecinos de la villa ferial y en su nombre los procuradores de las cuadrillas, se olvidaron muy pronto de sus favores comuneros y se apresuraron a captar la benevolencia del Emperador con el recurso mas hábil y eficaz que en aquel momento se podía arbitrar.
El 28 de Mayo de 1521 el procurador de los caballeros hijosdalgo, Antonio de Álamos, y los procuradores de las cuadrillas de San Pedro, San Antolín, San Juan de Azoque y Sahagún se dirigían al Corregidor de la villa, Lope Ossorio, con un lenguaje cambiado, obsequioso, olvidando el pasado e imaginándolo como no fue. Los que fueron comuneros hasta el 23 de abril hablan el 28 de mayo como si hubieran sido siempre fieles al Emperador.
Con insólita valentía pondera su antigua voluntad de servicio y ofrecen ayuda militar en el momento que mas lo necesitaba el reino.
“Dijeron al señor Corregidor que bien sabía que por la mucha voluntad e deseo que esta dicha villa e los procuradores e personas pertinentes della han tenido e tienen al servicio de sus Majestades sin que para ello les fuese mandado cosa alguna viendo la necesidad que al presente hay en el Reino de Navarra enviaron a coger al dicho Antonio de Álamos, procurador de los caballeros fijosdalgo, 500 escopeteros.”
Era un refuerzo importante para detener la oleada francesa que se disponía a cruzar el Ebro y apoderarse de la ciudad de Logroño. Esta oferta detendría la amenaza imperial contra Medina pero no era tan desinteresada como pudiera parecer, de los 500 escopeteros ofertados, la villa levantaría 200, los otros 300 saldrían de la Tierra de Medina.
Para que no hubiese dudas mas adelante pidieron los procuradores que fuese el Corregidor quien nombrase a los capitanes de esta nueva gente y piden también que los dineros para abonar las soldadas de los 500 escopeteros salgan de los dineros del Tesoro Público.
Además de descargarse de soldados y nombramientos los procuradores se guardan en salud y aclaran que por lo prometido “no se les pare perjuicio a dicha villa ni a los generales ni particulares privilegios della ni a su derecho, ni en caso alguno perderían las exenciones e inmunidades que esta dicha villa tiene por quanto el dicho servicio a sido y es libre… y se han ofrecido de su propia voluntad”, y si “algún daño e pérdida viniere a causa de no tener presto la dicha gente…, la culpa sea del señor Corregidor e no a culpa de los dichos procuradores.”
Como se ve, la maniobra era perfecta y estaba calculada al milímetro para obtener lo que se pretendía sin cargar a la villa con onerosas cargas ni correr el peligro de ver recortados sus privilegios. No obstante, se suprimió la costumbre que tenía la villa de elegir a sus procuradores generales entre los hombres exentos y del bajo estado para asistir a las reuniones del Concejo, siendo acusados los procuradores Villafrades y Beldredo de haber sido los causantes de todos los tumultos sucedidos.
En adelante la comunidad de Villa y Tierra de Medina debería elegir a los procuradores generales entre las personas nobles, ricas e hidalgas, y eso es lo que hicieron los procuradores de las siete cuadrillas, eligiendo a Fernando Rodríguez de Hebán y Diego Muñoz (vecinos, hidalgos, honrados y hacendados) como procuradores generales. Sin embargo esta elección entraría en conflicto con los intereses de los regidores que temían que hombres de su misma clase interfiriesen en el gobierno del regimiento controlado por ellos, y a pesar de que era una costumbre inmemorial que los procuradores generales asistieran a las reuniones del Concejo, los regidores les prohibieron la entrada.
Es curioso observar como los mismos oligarcas que controlaban el gobierno de la villa impedían a los de su misma categoría el acceso al mismo.
El Concejo se quejó ante el Consejo Real de la actitud de los regidores, y el procurador del Concejo medinense pidió que se confirmase el derecho de asistencia de los dos procuradores generales. El Consejo ordenó el 13 de junio de 1521 a los regidores que guardasen la antigua costumbre, y que Fernando Rodriguez de Heban y Diego Muñoz pudiesen usar libremente de sus oficios.
El 26 de julio de 1521, Carlos V envió una carta dirigida al concejo de Medina agradeciendo a la villa los servicios prestados en la guerra de Navarra contra el rey de Francia (esta carta pertenece a los fondos documentales del Museo de las Ferias)

Añadir por otra parte, que muchos comuneros obtuvieron el perdón real por haber participado en la guerra contra Francia.
Autores materiales de la Quema de Medina
Todos los historiadores antiguos y modernos señalan a Antonio de Fonseca como responsable primero del incendio pues él dio la orden de comenzarlo, pero ninguno, que se sepa, ha precisado nombres de personas que por sus manos pusieran el fuego destructor.
Una petición de indemnización por daños y perjuicios dirigida por el Doctor Francisco Pérez de Vargas, Alcalde de la Real Chancillería de Granada, vecino de Medina del Campo, hombre importante y adinerado, y nada sospechoso de ser comunero, reclama a la autoridad la reparación de los daños y perjuicios ocasionados por jefes del ejército real en cuya causa declaran 18 testigos, y por esas declaraciones aparecen testimonios acerca de los autores materiales del incendio.
Una de las personas cualificadas como inductor inmediato del incendio fue el Corregidor de la villa, Gutierre Quijada, quien acompañado por su teniente fue señalando las casas donde se debía poner fuego, casas todas de conocidos comuneros, iniciándose éste en el convento de San Francisco.
Otra testigo se halló presente y vió como Gutierre Quijada “había sido en dar consejo a las personas que pusieron el dicho fuego que lo pusieran y oyó decir a unos pellejeros que moraban en las casas donde el dicho fuego se había puesto”.
Otro testigo oyó decir que Antonio de Fonseca y el Alcalde Ronquillo “apregonaron a fuego y a sangre y después de apregonado en el arrabal de la calle de Ávila entraron y se vinieron a la Plazuela de San Juan y estando allí este testigo vió a la gente de Antonio de Fonseca y del Alcalde Ronquillo de a pie poner fuego a las casas del Doctor y que un escudero de Salamanca le estuvo de poner tres veces y no le conoce nombre sino de gesto y si Antonio de Fonseca y el Alcalde Ronquillo no lo apregonaran ninguno se hubiera atrevido a ponerlo.”
Pero el personaje mejor identificado por seis testigos como uno de los autores materiales del incendio de la Calle de la Plata fue el Alcaide de la fortaleza de Alaejos, Gonzalo Vela, persona muy allegada a Antonio de Fonseca.
Otro testigo afirmó que “En la Plazuela de San Juan vió mucha gente de armas de a pie y de a caballo y entre ellos conoció a Gutierre Quijada y al Alcaide de Alaejos y a ciertos labradores que públicamente se decía que eran de Alaejos”.
Antonio de Fonseca, señor de Coca y Alaejos, autor moral, y Gonzalo Vela, alcaide de Alaejos, autor material del incendio de Medina, trataron de cobrar sus antiguos resquemores.